Un parque nacional menos

daimielLa sobreexplotación de las aguas subterráneas acaba con Las Tablas de Daimiel. No lo digo yo, lo reconoce el propio Gobierno, quien en una escueta respuesta parlamentaria afirma, contundente: «Se ha producido una anulación de las aportaciones de agua tanto superficiales como subterráneas al sistema, y en la práctica [supone] la desaparición de todo el complejo de humedales que constituyen la Mancha húmeda». El Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, los lagunajos del río Cigüela, las ruidosas colonias de pato colorado y cuchara, los pescadores, los Ojos del Guadiana… son ya triste historia. Miles de pozos, ilegales en un altísimo porcentaje, tienen la culpa. El agua, nuestro bien más escaso, se derrocha allí con alegría para alimentar extensos maizales fuertemente subvencionados, en detrimento de los tradicionales trigo, vides y olivos. Millonarios trasvases del Tajo-Segura intentaron mantener una pequeña lámina de agua superficial que salvara la cara a los políticos, pero la solución, además de limitada y artificial, se ha revelado inútil.
 
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