La nueva moda de llevar gafas grandes y feas

Tengo gafas. Las tengo desde que tenía 13 años. Antes de tener 13 años, en lugar de tener gafas y ser un paria social, era gordo y, también, un paria social. Pero estoy divagando. Como decía, tengo gafas desde los 13. De estas que estás tan tranquilo, pegas un estirón, te quedas delgado y, de repente, dejas de ver.

Al principio, tan solo era un poco. Las letras se desdibujaban y tenías que guiñar los ojos. Nada demasiado grave. Después, eran las farolas que se cruzaban en tu camino, malvadas ellas, o los regalitos de perro en el suelo que no consigues distinguir. Y llega el momento, te ponen gafas.

La vida desde los ojos de un miope

También podrían haberme puesto aparato y sólo me podría haber dedicado a programar aunque, ahora que lo pienso, me he dedicado a programar de todas formas. Estaba predestinado por feo, por lo que parece.

Las gafas no sirven ni para evitar peleas, hasta las películas mienten en eso. Que tú piensas, “no me vas a pegar, llevo gafas”. Como si fuese una sábana anti monstruos por la noche. Como un chaleco antibalas. Pues te quitan las gafas, las rompen… y luego te rompen la cara.

Los 90 fueron una época mala para la moda. Bueno, tampoco es que los 80 y sus hombreras fuesen mucho mejores. O los 70 y sus trajes ajustados, pecho lobos y colores chillones. Vale, ahora mismo los pantalones cagados tampoco son… bueno, vale, la moda es una mierda en general, y eso se nota.

Las gafas de los 90 no eran ni mucho menos las que te puedes encontrar ahora. Bueno sí, también, todo vuelve a casa por navidad, y ahí viene el problema. Las gafas, como estas de, no se, Mister Spex, eran grandes, de pasta y te tapaban media cara. Por lo menos se ha mejorado y, ahora mismo, hay alternativas. Alternativas a parecer Welma de Scooby Doo o Edna Moda. Entonces había pocas, por no decir ninguna. Si tenías poca suerte, además te parecías al Urkel. O si eras hipermétrope, te pareces a Bartolo, con gafas de lupa. Todos, unos ejemplos a seguir. Y sobrevivimos. Y nos adaptamos. Y corrimos a comprarnos lentillas en cuanto pudimos. Y ahora vuelvo a ver a personas que pasan a ser nerds, frikis informáticos setenteros o como queráis llamarlos simplemente por gusto.

Aún recuerdo la primera vez que una mujer se dió la vuelta y me miró el culo. Fue el fin de semana en el que estrené mis primeras lentillas. ¿Casualidad? Probablemente, aún llevaba los pantalones puestos y, si lo recuerdo, no estaba todavía borracho como una cuba. Antes de eso, mis gafas eran así. De verdad. Metálicas y grandes como el puente de Brooklyn. Y se supone que eran a la moda. La moda de joder vidas, supongo.

Pues ahora, las niñas modernas, los gafapastas que jamás se fueron y demás tribus urbanas que se creen que quieren ser miopes, les ha dado por comprar gafas que valen un pastizal, monturas de “primeras marcas” (que viene a significar primeras marcas de diseñadores misóginos que hacen ropa para perchas, que no mujeres) y, sobre todo, ¡¡las llevan sin graduar!! Parece que no ver tres en un burro es moda en estos momentos. No, no te hace parecer inteligente, te hace demostrar que eres estúpido o estúpida.

Aunque, que también es verdad, ahora se pueden encontrar gafas normales y corrientes que, si bien no te hacen parecer moderno, tampoco te hacen parecer gilipollas. Sólo parecerás miope. Lo que eres.

 
 
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