«Abuelo, eso no es una puta, es la camarera»
Despiporres de soltero
Este último fin de semana me tocó lo que últimamente nos toca a todos los adultos sobre los 30 años… ir de despedida. Y cada vez es peor. Todos los amigos intentan que la suya sea más burra que la de los demás para vengarse de las veces que le ha tocado pagar por no disfrutar de la puta.
Porque esa es otra. Hay que irse de putas. No hay otra opción, parece. Así que, si no quieres terminar desnudo con una desconocida mirando al techo (o al suelo, o a la pared) que te cobra por lo mismo que podrías conseguir gratis (y no son CEDRO o la SGAE) tienes que evitar hordas de mujeres que parecen interesadas en ti pero que sólo te quieren para un ratito. Ya sé lo que sienten las mujeres cuando salen de fiesta.
¿Que cual es la última moda? Además de los putiferios, todo un clásico, resulta que ahora hay que ir más allá, incluso en crisis:
- Hay que irse de casa rural, muchas de ellas donde cristo perdió el gorro. A continuación una dramatización de esas casas rurales a lo largo de la geografía española.

- Hay que volver a la civilización a salir de fiesta porque, claramente, nunca más saldrá de fiesta, claro. Y hay que disfrazarlo de algo horrible para ridiculizarlo. Seguramente para que el novio piense “ni de coña me divorcio, para tener que volver con esta peña”
- Hay que tirar al novio de bien alto, a poder ser de un parapente, de un paracaídas en caída libre o del campanario de la iglesia.
- Hay que hacerle reventar a comer, a poder ser antes del paso 2, para que disfrute.
- Hay que pagarlo todo. Y no es barato.
Por supuesto, sin olvidar al típico amigo casado que se va con la primera puta que se le acerca, “por variar el menú”, dice. El hermano pequeño o la familia en general que hace que el novio sienta y padezca.
Y eso, si la despedida no es conjunta porque ninguno de los novios se fíe demasiado del otro, no sea que haga lo que él mismo haría si la despedida fuese conjunta.
Vamos, una puta mierda.












