Como pone en el titular, sigo siendo un ciudadano de segunda. Me he vuelto a dar cuenta de ello esta mañana, con premeditación, alevosía y madrugón mediante.
Creo que ya he dicho muchas veces por aquí que soy un tullido, minusválido o como sea ahora políticamente correcto llamarlo. No tengo problemas de movilidad, sólo he tenido que aprender a escribir con el teclado de una forma un tanto distinta, aunque seguro que escribo más rápido que tú, que lees esto. Además, en los últimos 32 años he estado igual, sólo he crecido, pero la minusvalía sigue como entonces.
Aun así, parece que, desde las esferas burocráticas, no valgo una mierda.
Os pongo en antecedentes. Este día 19, se me caducaba el carnet de conducir. 10 años conduciendo. Sólo una multa de aparcamiento, ni un punto perdido. Ni un accidente, por suerte. Y llegó el momento de la renovación. Me enteré que, desde el año pasado, ya no hacía falta ir a tráfico a hacer colas eternas sino que, con ir al reconocimiento médico y pagar, ya lo tenía todo hecho.
Bien, vosotros tendréis todo hecho. Yo no. Tras ir al reconocimiento médico, me dicen lo que me temía: Leches. Te toca ir a tráfico. ¿Por qué? Pues por lo de siempre, porque eres minusválido y quieren comprobar sus cosas.
Ya me temía el viajecito de esta mañana. Que me tocaba de nuevo visita al médico de tráfico. Otra vez a pelearme porque crea que no puedo hacer cosas que sí puedo, etc. Eso, de verdad, hasta me hubiese parecido razonable. Estúpido, pero razonable.
La realidad ha sido aun más chanante, por desgracia, digna de Amanece que no es poco, España profunda, por el lado de Murcia. La conversación con el funcionario de tráfico, si se le puede llamar a eso conversación, ha sido la siguiente, sin exagerar (el de las cursivas soy yo):
- “Hola. Buenos días”
- “Buenos días.” Tras esto, 5 minutos de silencio, un paseo a ver a su supervisora para preguntarle por la limitación 40.01, vuelta a la mesa y tecleado de todos los datos personales de un servidor. Yo miro al techo. Les leo los labios, sigo mirando al techo y la columna. Me entero de las bromas de los trabajadores, me habla: “este es el resguardo, si no le llega a su casa antes de esta fecha, pase a reclamar”. Eso sí, con una sonrisa, todo sea dicho. No me quejo de su actuación, ha sido correcto en el trato.
- “Gracias. Hasta luego.”
- Hasta luego
¿Para esto me han hecho darme un viaje a tráfico? ¿de verdad? no me han preguntado nada. Ni si mi minusvalía ha cambiado, ni si había tenido problemas para conducir, algo, que supusiese un motivo para desplazarme. Incluso, aunque no me hubiese gustado, el que me hubiesen hecho volver a pelearme con el médico, ya digo, algo por lo que tuviese realmente que ir hasta tráfico.
Pero esto no ha ocurrido. Únicamente me han hecho desplazarme porque sí, porque alguien ha decidido que todos los minusválidos, diga lo que diga el médico, y diga lo que diga el certificado de minusvalía que tenemos, debemos renovarnos el carnet pasando por las oficina de la DGT. Porque somos ciudadanos de segunda.